En la joyería.
- Hola. Buenos días.
- Buenos días.
- Mire, estos dos anillos que llevo en la mano izquierda los llevaba en la derecha, y los cambié de mano porque el verano pasado me puse a dieta y empezaron a quedarme flojos. Entonces vine a que me los arreglaran, pero su compañera me dijo, con buen criterio, que espere y que cuando terminara de adelgazar los trajera. Y como ya he llegado al peso...
- O sea, quiere achicarlos.
- Bueno, sí, pero...
- ¿Nombre?
- ¿Cómo que nombre? Es increíble. ¡Me ha dejado con la palabra en la boca! No tiene usted ni gota de amabilidad, respeto y saber vender. Lo menos que puede hacer es escucharme ¿no le parece?
- Sí, disculpe. ¿Qué nombre me ha dicho?
Matié.